21.9.16

Hablamos comida, ¿Letramos la mesa? Taller de literatura y gastronomía






Taller de literatura y gastronomía: "Hablamos comida, ¿letramos la mesa?"

Inscripciones abiertas.
Información en la imagen.


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11.9.16

Firmamos un manifiesto que denuncia al régimen en Venezuela y exige el referéndum revocatorio.

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Firmamos un manifiesto.


Pido sea leído con atención especialmente por aquellos que quieran saber lo que ocurre en Venezuela y agradecemos la difusión. El texto completo en el enlace al final de las firmas.

"Nosotros, venezolanos, escritores, profesores universitarios y artistas de diversas procedencias sociales y posiciones estéticas y políticas, dedicados a las expresiones de la sensibilidad y el pensamiento, movidos por la franca indignación frente al estado actual de cosas, rechazamos las maneras sectarias, groseras y arrogantes con las que el actual gobierno conduce los destinos del país, en tanto movimiento militarista capaz de utilizar las posibilidades de la democracia e invocar al poder popular solamente cuando le conviene. (...)

Nosotros hoy también resistimos el sometimiento y la humillación de una camarilla prepotente que tiene secuestrada las instituciones venezolanas. Con nuestro nombre propio y ciudadanía, acaso nuestros bienes más preciados, estamos dispuestos a levantar nuestras voces críticas y participar en todas las discusiones posibles por una democracia profunda, cuyas instituciones puedan conducir las diferencias existentes. Se sabe: estos anhelos no podrán lograrse sin la causa del Referéndum. O en otras palabras: la causa del Referéndum es el principio de otro país, menos sometido. Por eso, este es el grito frente a cualquier intento de retardar –o prohibir– el inminente proceso revocatorio. Esta opción hoy representa nuestro derecho a la justicia, la libertad, la civilidad, la democracia, en suma, al siglo XXI. Que así sea"

Firmas:

Guillermo Sucre
Alfredo Chacón
Ana Teresa Torres
Elisa Lerner
Rowena Hill
María Fernanda Palacios
José Balza
Rafael Cadenas
Armando Rojas Guardia
Igor Barreto
Yolanda Pantin
Edda Armas
Gabriela Kizer
Santos López
Carmen Verde Arocha
Alfredo Herrera
Alexis Romero
María Antonieta Flores
Luis Gerardo Mármol Bosch
Patricia Guzmán
Sonia González
Carmen Leonor Ferro
Julieta León
Luis Pérez-Oramas
Vasco Szinetar
Nelson Rivera
Elías Pino Iturrieta
Fernando Rodríguez
Joaquín Marta Sosa
Arturo Gutiérrez Plaza
Antonio López Ortega
Miguel Ángel Campos Torres
Ednodio Quintero
Marina Gasparini
Violeta Rojo
Gisela Kozak
Sandra Caula
Luna Benítez
Luisa de la Ville
Marcelino Bisbal
Tulio Hernández
Jaime Bello León
Raquel Gamus
Víctor Bravo
Miguel Szinetar
Ricardo Jiménez
Diómedes Cordero
Francisco Arévalo
Mario Amengual
Alejandro Padrón
Ramón Ordaz
Luis Miguel Isava
Carlos Sandoval
Bernardino Herrera León
Humberto Ortiz B.
Juan Cristóbal Castro
Nela Ochoa
Kataliñ Alava
Ángela Bonadies
Roberto Martínez Bachrich
Luis Moreno Villamediana
Guillermo Parra
Diego Arroyo Gil
Lorena González
Julio Bolívar
Patricia Velasco
Xiomara Jiménez
Aixa Sánchez
Sebastián de la Nuez
Vince De Benedittis
Norberto José Olivar
Juan Carlos Chirinos
Sonia Chocrón
Juan Carlos Méndez Guédez
Gustavo Valle
Fedosy Santaella
Lena Yau
Rafael Sánchez
Carlos Enrique Guzmán Cárdenas
Alberto Hernández
Miguel Ortiz
Keila Vall
Florencio Quintero
Samuel González-Seijas
Ricardo Ramírez Requena
Santiago Acosta
Alejandro Sebastiani Verlezza
Cesar Segovia
Néstor Mendoza
Rubén Darío Carrero
Blanca Rivero
Graciela Yáñez Vicentini
Franklin Hurtado
Luis Perozo Cervantes
Alejandro Castro
Zakarias Zafra Fernandez
Kaury Ramos
Claudia Márquez O.
Lucía Jiménez Perozo
Luis Yslas
Willy McKey
Mario Morenza
Álvaro Rafael
Georges Galo
Víctor García Ramírez
Kelly Martínez
Diosce Martínez
Ramelis Velásquez
Kira Kariakin
Flavia Pesci-Felitri
Sandy Juhasz
Ana Cristina Henríquez
Daniel García P.
Carlos Paris
Michelle Roche Rodríguez
Yoyiana Ahumada L.
Patricia Heredia Pelaca
Anaira Vásquez


20.7.16

Entrevisto a Sumito Estévez para Dulcear

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                                Foto de Pedro Rubio.

La vida dulce de Sumito Estévez
Por Lena Yau
Fotografía: Pedro Rubio
Sumito Estévez no necesita presentación. Su recorrido frente a los fuegos siempre ha sido sonoro, explayado, abierto. Enumerar las cocinas en las que se formó y las que ha regentado equivale a liberar un pergamino casi infinito. Cocinero inquieto, saltarín, proteico. Pero también profundamente reflexivo, comprometido, responsable (...)

En un suspiro 
Un dulce que sabe a infancia: El Gulab Jamun. Es un postre del norte de India que me hacía mi mamá. Son unos buñuelos de leche con almíbar de cardamomo. Los hago con frecuencia cuando necesito una sobada de alma.
(...)
Una dulce extravagancia: Ron y cacao. Es telúrico, exótico, imponente. Extravagante.

La entrevista completa en este enlace: 



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17.7.16

Lena Yau y la extranjería. Una reseña de Miguel Gomes para Papel Literario.





Miguel Gomes, escritor, crítico literario e investigador, reseña Hormigas en la lengua para el Papel literario de El Nacional.


Estoy un poco sin palabras y viviendo una especie de fiesta contenida.


Hace días hablaba con Giovanna Rivero, brillante escritora boliviana y amiga-hermana de tiempos sin mesura. 


Comentábamos el férreo compromiso que sentimos por la escritura, la necesidad de darlo todo, de creer, de no cejar.


Leer la nota de Miguel Gomes es aliento para seguir tecleando.

Me siento intensamente agradecida.

El enlace a la reseña está aquí: http://www.el-nacional.com/papel_literario/Lena-Yau-extranjeria_0_885511525.html





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14.7.16

Adiós, Desiderio. Mi entrega más reciente para Dulcear








Adiós Desiderio
Por Lena Yau


Desiderio:
Me gusta la verdad.
La verdad tal cual es, sin ambages.
A ti no.
Contigo van la florituras, los circunloquios, los mareos, los disfraces.
Yo como cebolla cruda aunque me haga llorar.
Tú congelas el bulbo, mojas el cuchillo en vinagre, ensartas un trozo
de pan en la punta del cuchillo, te enganchas a una máscara de
buceo, embutes tus manos en un par de guantes y prendes un
crucifijo al delantal.
Luego cortas la cebolla, la blanqueas en agua hirviendo, la escurres,
la bañas en aceite de oliva, la salpimentas y, finalmente, te la comes.
Para entonces yo ya me comí mi cebolla.
Sé que piensas que soy muy básica.
Que tengo hambre y como.
Que soy tan prosaica que antepongo el llenar mi estómago al
degustar.
(Sólo soy directa.)
Me cuesta mucho complacerte.
Vivo jornadas eternas en las que pienso en cómo (...)









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23.6.16

Un huracán llamado Claudia Bertorelli. Mi artículo más reciente para El Nacional.







                                En la foto: Claudia Bertorelli.




Un huracán llamado Claudia Bertorelli 


La primera vez que escuché hablar de ella fue a finales de los noventa.
Recorriendo restaurantes, investigando, tanteando cómo iba el movimiento gastronómico en aquella Caracas, caí en un restaurante de esos que duran pocos meses a pesar de que la propuesta y la ejecución de los platos que se ofrecían eran magníficos.
Quise conocer al chef. El hombre, un rubio grandote y simpático, salió de la cocina y sostuvimos una larga conversa. José Carlos Orna Rosenthal resultó ser una grata compañía de sobremesa. Peruano, admirador de nuestra cocina, contó cómo sorprendió a sus paisanos haciendo cachapas con el choclo de su tierra. Hablando de cocinas y cocineros, surgió el nombre de Claudia Bertorelli. Había leído sobre su trabajo en prensa y alguna vez la escuché hablando en radio. José Carlos dijo: Nadie hace la salsa boloñesa como ella. Nadie la hará nunca. Esa mujer maneja los secretos de este oficio en forma de remolino. Es imposible detenerla para saber qué ingrediente usa para hacer magia.
Quise probar esa salsa y otras delicias de las que me hablaron pero la vida y sus avatares me llevaron fuera del país.
Claudia era mi destino y nos reencontramos en Madrid.

El artículo completo en este enlace:
http://www.el-nacional.com/lena_yau/huracan-llamado-Claudia-Bertorelli_0_870513031.html


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11.5.16

Lena Yau: “Hay que dirigirse a las editoriales especializadas en tu tema”





Lena Yau: “Hay que dirigirse a las editoriales especializadas en tu tema”

La escritora, narradora, periodista, investigadora y también poeta, Lena Yau, asegura que publicar en España no es sencillo, pero reconoce que para ella resultó rápido y fácil. “Un día me llamó un editor y me preguntó si yo tenía poesía. Creo que me conoció a través de mi columna en El Nacional”. Así nació su poemario, de la mano de Editorial Gravitaciones. Sin embargo, confiesa que con Hormigas en la lengua, editada en Estados Unidos, no sucedió igual. “Estuve dos años trabajando duro, recibí muchos no, y un día recibí el sí”. Recomienda en estos casos hacer un resumen, seleccionar las mejores páginas, “y dirigirse a las editoriales especializadas en tu tema, así ahorras tiempo, dinero y esfuerzo”. Sobre la difusión de la obra aconseja hacer uso de las redes sociales, “a mí me han servido muchísimo. Yo he tenido lectores antes que libros, gracias a mi blog”.

Más en: Diez escritores, diez caminos para publicar, una encrucijada: “una buena historia que contar”

Reportaje que reseña el 1er encuentro de escritores venezolanos en Madrid convocado por Venezuelan Press

La foto es de Silmar Jiménez y el reportaje lo firma Carleth Morales.

El texto completo está en este enlace que copio también en los comentarios:

http://www.venezuelanpress.com/2016/05/11/diez-escritores-diez-caminos-para-publicar-una-encrucijada-una-buena-historia-que-contar/ 





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2.5.16

Dos poemas de mi manuscrito Caracas ampliada en la voz de Daniela Jaimes Borges

Un enlace que lleva dos poemas de "Caracas ampliada" en la voz de Daniela Jaimes-Borges para su bello proyecto de ‪#‎VozdeOtraVoz‬ en SoundCloud‪#‎poesíavenezolana‬ 

¡Mil gracias, Daniela, por llenar de vida a mis letras! ¡Mil gracias por invitarme a ser parte de un proyecto tan lindo! 

Pueden escuchar "La conjura de la necia" e "Instrucciones apócrifas. I Para escoger a un hombre" en el enlace:

https://soundcloud.com/danielajaimesbo/lena-yau

26.4.16

Todos los bebés son nuestros.

Todos los bebés son nuestros.

A las madres.
A los padres.
Al personal de los hospitales, clínicas y ambulatorios.

Había una vez un alma voluntariosa.
Una tarde, en medio de una reunión, dejó clara su posición. L sentí en mis adentros: un pequeño nadador giró sobre sí y se puso de cabeza. Tres meses antes de lo debido Adrián abrió los ojos al mundo. Lo vi apenas segundos. Escuché su voz y se lo llevaron.
Nació con buen peso para el tiempo de gestación pero sus pulmones estaban aún muy tiernos y toda la terquedad que albergaba ese pequeño no era suficiente para respirar. Se agotó, lo entubaron, lo llevaron a un incubadora y yo pasé mi primera noche como madre escuchando el llanto de los hijos de mis vecinos a través de la pared. Mi habitación estaba vacía.
Lo vi al día siguiente encerrado en la caja de plástico que es la incubadora, enredado en cables y sondas, con un pañal desechable que le sobraba, quería escucharlo pero sólo oía los bips de una máquina que vigilaba todos sus impulsos vitales.
Era todo piel y huesos, podía contar una a una las vértebras de la columna, se marcaban como una ristra de perlas, su barriguita abombada parecía una lechosa, era el espinazo de un pez sobre una fruta y una carita que quería vivir, niño pez, niño fruta, mi Pez Fruta.
Yo posaba mi mano sobre la transparencia que nos separaba y le preguntaba ¿qué hago con todo este amor? ¿cómo me voy a casa sin ti? Sus ojos parecían querer decirme cosas pero yo seguía hablando: pórtate bien, crece, por favor, lucha, por favor, no me abandones.
Pez Fruta luchó. El amor que lo envolvía era una fuerza inmedible. Pero eso no es suficiente. Tuvo todos los recursos para que la vida ganara. La electricidad estuvo puntual para que los aparatos que lo ayudaban a crecer funcionaran, los medicamentos y los instrumentos que necesitó para superar las dolencias propias de su estado no faltaron, una leche con fórmula especial para prematuros lo alimentó.
Un día encontré un chupón en su incubadora. Adrián tiene 13 años ahora. Miro sus ojos que siguen siendo habladores, lidio con su alma voluntariosa, me miro en su terquedad. No hay día que no recuerde que este adolescente espigado y moreno pesaba lo mismo que una mano de cambur cuando nació.
Eso no se olvida.

II
Leo con estupor unas cifras. El grito desesperado de médicos y personal sanitario de un hospital venezolano. Entre tres y cuatro bebés prematuros fallecen diariamente en nuestras instalaciones. No hay insumos, no hay medicamentos, no hay luz, no hay agua. Las incubadoras están rotas y no hay como repararlas. Entre la impotencia y la piedad, médicos y enfermeras, ubican a los pequeños en las pocas cunas térmicas que funcionan.
Es un intento desesperado, es una lucha que echa mano de lo que tiene. Apuestan por un milagro sabiendo que la ciencia deja algunos espacios al azar. Pero no son ciegos. Por eso llaman al área de las cunas el cementerio. La lija en la lengua que nombra es lo que los ata a la cordura, lo que intermedia entre el dolor y el trabajo tan duro que les ha tocado desempeñar en estos tiempos de anomia, de desidia, de desamparo. Imagino esas cunas como balsas, los bebés sobre ellas a la deriva, los ojitos de los niños que no serán buscando entender las nubes guardando el solo como un recuerdo para el que nunca tendrán una palabra con qué pronunciarlo.
Busco la fecha de la noticia. Leo febrero. Estamos en abril. Calculo las cifras de hoy, hago una cuenta rápida de los hospitales, clínicas y ambulatorios que podrían existir en Venezuela, uso mis dedos como ábaco, intento ser conservadora, sumo y siento que me desmayo. Se nos mueren como pollitos, dice el médico en la nota. Se nos mueren a todos. Porque todos esos bebés son nuestros. Esas madres, esos padres, somos nosotros. Escribo para subir a la balsa que se lleva a los nacidos antes de su tiempo. Escribo para acompañarlos en un viaje que no pidieron. Escribo para acompañar a sus padres en el llanto, en el abrazo, en la impotencia y en el seguir.
Escribo para vencer al vacío al que nos obligan desde hace 17 años. Escribo para hacernos un nosotros que grita, que repudia, que lucha, que no se deja vencer. Escribo exhausta intentando infructuosamente devolver la vida. Buscando otra oportunidad para la vida.

III
Esa oportunidad salta también de la prensa. Un motorizado es una presencia temida. Uno de ellos, uno de los miles que raspa el asfalto caraqueño, se detiene ante algo que escucha. La ciudad es una marabunta acústica.
Quienes tienen oído son capaces de aislar los sonidos que se concentran en un todo. El hombre baja de la moto, pesquisa, halla una vida en medio del monte, pide ayuda, no puede llevarlo a un hospital en la moto, no puede conducir con un bebé abandonado que llora de hambre, de sed, de frío, de miedo.
Llegan manos y brazos y voluntades y la vida de acaso tres kilos y dos horas en esta tierra no se interrumpe, sigue contrariando lo condena que le habían impuesto, brilla en el regazo de quienes lo atienden, come, bebe, agarra temperatura, acepta el regalo de un nombre, recibe sin ser consciente la voluntad desprendida de gente que no navega en su ADN. Una avalancha de medicamentos, ropa, juguetes, enseres, comida, llega para darle la bienvenida, para acompañarlo en el punto de partida, para animarlo a seguir que lo que viene es difícil pero vale la pena.
En pleno desabastecimiento dan lo poquito que tienen.
Ese poquito el todo de muchos.
Yo pienso en el motorizado.
También fue bebé.
Sabe que todos los bebés son nuestros.
Desde aquí le doy las gracias.

IV
Escribo por las razones que enumeré arriba.
Y escribo para decirle a los responsables de esto que vive Venezuela, que los juicios existen, que las penas se dictan, que la justicia llega.
Que vamos a luchar desde la palabra: la que cuenta, la que denuncia, la que no se achica ante amenazas, la que no acepta la violencia, la que entiende de libertad, de derechos, de garantías.
Tanto pesar, tanto dolor, tanto abuso, tanta inquina, no han podido minar la fuerza de quienes creen y luchan.
Aparto los sentires como quien intenta atravesar un bosque tupido. Busco un claro, un espacio por donde se cuele un halo que nos guíe.
Alumbrar tiene que ver con iluminar, con dar a luz, con acompañar, con descubrir el agua subterránea y dejarla salir a la superficie, con liberar las raíces de la tierra para que el riego les llegue.
Hay una luz que no pueden ni podrán robarnos. Lo obscuro siempre termina retrocediendo ante lo que resplandece.


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8.4.16

Presentación de Hormigas en la lengua en Madrid



                               Diseño cartel noche de los libros: Rifle. / Foto autora: Efrén Hernández Arias


"La empanada, en realidad, " es un capítulo de Hormigas en la lengua.Hormigas en la lengua
En él bailan dos empanadas: la empanada gallega y la empanada venezolana.
El 22 de abril, en el marco de La Noche de los Libros , presento "Hormigas en la lengua" en Madrid.
Me acompañará Thamara Pereira, ex profesora y coordinadora de Arte y Ciencia en la Gastronomía en la Universidad Metropolitana, especialista en Artes culinarias, Psicología del consumo y en Comunicación alimentaria.
Habrá vino y cata, como no, de empanadas gallegas y empanadas venezolanas.
Será en Librería Gastronómica Aliana, General Varela, 6, a las 19: 30.
¡Los espero!

Dejo el enlace al capítulo de las empanadas en Hormigas en la lengua en el enlace. Gracias a Ideas de Babel por el respaldo:

Hormigas en la lengua LA EMPANADA, EN REALIDAD, por Lena Yau.




"Los sábados la familia come paella en la Tasca.
Los padres de Pino, su hermanita, los tíos, los primos, los abuelos.
Pino Chica odia la paella. Pino Chica come aire.
A veces come pan. Aceitunas. Litros de agua.
La tarde de la empanada se anunció torcida desde el principio.
Al llegar a la Tasca descubrieron que había cambiado de dueños. A Pascasio lo venció la morriña, empacó cuatro cosas y se subió en un avión sin despedirse.  Dejó una caja de vino y una cesta de pestiños para los padres y para los tíos de Pino con una nota en la que agradecía tanta amistad.
(Si cruzáis de nuevo, id a Galicia y buscadme en Cambados).
Al padre de Pino Chica la noticia le descompuso el rostro. Posó una mirada de cráter sobre la niña y dijo en un ronquido:
—Hoy vas a comer.
La madre mintió:
—Es alérgica al azafrán. Deja que pida otra cosa.
Las dos Pinos estudiaron la carta. Deliberaban en voz baja para que Padre Volcán no se activara.
Eso de que no te gusta la tortilla es nuevo, siempre te comes la que te pongo en la lonchera, no quieres paella porque tiene pimiento, no sirve que se lo quite porque dices que el arroz está contaminado, sopa no, que tiene garbanzos, la carne te sabe a vaca y el pollo tiene una bacteria negra, tenemos que decidirnos Pinito, que papá nos está mirando y ya le sube el magma, mira su pecho, se le hincha, en buena hora se le ocurrió irse a Pascasio,  ¿empanada?, ¿estás segura?, ¿cómo sabes que te gusta?, ¿cuándo la probaste?, ¡qué bien!, ¡una sonrisa!, ¡vamos a pedirte la empanada entonces! (...)"

El capítulo completo en este enlace: http://www.ideasdebabel.com/home/hormigas-en-la-lengua-la-empanada-en-realidad-por-lena-yau/




7.4.16

Emigrantes venezolanos: construir país desde afuera. Mi entrega más reciente para la Revista Climax



    Composición fotográfica: Andrea Tosta.

Aunque emigrar es un proceso doloroso y difícil, no es menos cierto que la llamada “diáspora criolla” está dejando muy en alto el nombre de Venezuela. Hay miles de ejemplos de éxito que reivindican al país y que comprueban que se puede construir nacionalidad incluso desde la ausencia

El fenómeno de la emigración es reciente para los venezolanos. En décadas anteriores hubo pequeños flujos marcados por eventos puntuales: viernes negro, Caracazo, los golpes de febrero y de noviembre de 1992 y la crisis bancaria de 1994. Pero el gran movimiento de salida se da los últimos 17 años. Tomás Páez, sociólogo venezolano, se ha dedicado a estudiar el tema. Él, desde Madrid, Chipilo Pulido, en París, y un equipo de trabajo en ambas ciudades encuestaron y trabajaron con un vasto número de venezolanos arraigados en cinco continentes. Los resultados quedan recogidos en un libro: La voz de la diáspora venezolana. Más de un millón de venezolanos se ha asentado en 40 países del mundo. Allí trabajaban, estudian, hacen familia. A muchos les ha tocado reinventarse profesionalmente. ¿Quiénes son los miles de hombres y mujeres que lejos de sus casas también construyen país? ¿Cómo se vive la venezolanidad desde afuera con éxito y dejando una bandera en alto? A continuación algunos ejemplos.


El artículo completo en este enlace: http://elestimulo.com/climax/emigrantes-venezolanos-construir-pais-desde-afuera/

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